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Reflexión no.5: Muros cortina en Boley Building

24.09.2020 por Daniela C. Ramos Carmenatty

     En la arquitectura, la luz natural juega un papel fundamental desde la etapa de diseño hasta la permanencia del proyecto. Ella es la que le da color, forma, textura y profundidad al espacio aportando a la experiencia de sus habitantes y provocando en ellos sentido de grandeza. Se considera el ingrediente mágico y el momento lúcido del sol, sus manifestaciones abren camino a juegos que alteran nuestra percepción en el espacio guiándonos hacia un estado emocional. Su presencia nos permite la amplitud de visión enfocándose en el disfrute de los detalles que nos rodean.

      Su aparición, como “daylight”, tomó auge a principios del siglo XX con la innovación del uso de muros cortina en Boley Building, en donde la luz fungía como la idea dominante del edificio convirtiéndolo en escenarios de objetos. La nueva propuesta se concebía como la necesidad del mercado que beneficiaba en múltiples aspectos el ámbito comercial garantizando el incremento de clientes, la reducción de costos de energía y la percepción salubre de las áreas mercantiles. O sea, el uso de vitrinas transparentes permitía que el cliente vislumbrara los productos de manera natural, facilitando las búsquedas y mostrando lo que tendrían al salir de la tienda sin distorsión alguna. Además, esta práctica le brindaba al cliente una buena impresión del lugar catalogando la experiencia como una satisfactoria; tanto así que “The Post” predijo que el sistema sería implantado en edificios futuros, prevaleciendo en el tiempo.

     Este pronóstico comenzó a cumplirse dada la cantidad de casas comerciales que pedían a sus diseñadores que realizaran las reformas necesarias para hacer uso de las manifestaciones de iluminación natural. Así mismo, podemos ver cómo esta idea de modernidad implementando el uso de materiales industriales ha evolucionado con el paso del tiempo hasta llegar a ser ícono de grandes ciudades como New York. Ciudades desarrolladas como ésta han demostrado que los materiales no tienen límites, ya que han sido capaces de alterar sus usos y aumentar significativamente la escala para sus edificios. Cabe destacar que estas nuevas propuestas llevaban consigo un sinnúmero de beneficios que aportaban en el ámbito económico, ambiental y social, de manera que, aunque los costos eran sustanciales se veían contrarrestados con las aportaciones de la técnica.

 

     Por esta razón reflexiono sobre lo que expone la lectura sobre un interior bien iluminado y el aprovechamiento de nuestros recursos. Según ésta, un médico de la época exponía que el aire fresco y la luz del sol podrían ser las principales curas de brotes que comenzaban a amenazar las ciudades como, por ejemplo, tuberculosis, neumonía, sarampión, fiebre tifoidea y viruela. Un siglo más tarde nos encontramos enfrentando una pandemia que ha superado 30 millones de contagios y los debates sobre focos de infección en centros comerciales se han popularizado. Esto demuestra que, aunque la “máquina de luz natural” ha cumplido con su permanencia en la arquitectura, el uso de recursos naturales como el sol y el viento siguen dependiendo de otras tecnologías que encierran las áreas públicas y regresan a la idea de suciedad y oscuridad en donde los convierten en factores principales de la enfermedad.

Referencias

[1] Eggener, Keith.  "The Uses of Daylight" in Places. 2012. The Uses of Daylight (placesjournal.org)

[2] Barmann, Jay C. "How the glass curtain wall was born" in Curbed San Francisco: San Francisco, CA. 2020. San Francisco: How the glass curtain wall was born - Curbed SF

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